Querido Diario,

Hoy medito sobre cómo la política se convierte en un teatro de marionetas, donde los hilos son tirados con astucia para manipular las emociones del público. Observo cómo los políticos, maestros en el arte del desacuerdo, usan sus palabras para dividirnos, enfadarnos y enfrentarnos, todo en un esfuerzo por movilizarnos hacia sus propios fines.

He decidido, querido diario, no ser partícipe de este espectáculo. Opto por no discutir sobre política, para no convertirme en otro muñeco en el escenario de sus intrigas. Al mantenerme al margen, busco preservar mi paz y mi autonomía, evitando que mi energía sea drenada por conflictos estériles.

En este rincón del mundo, elijo enfocarme en lo que realmente enriquece el alma y nutre el corazón. Porque, al final del día, la política debe ser sobre el bien común, y no sobre las luchas de poder que solo nos dejan exhaustos y desilusionados.

Así que aquí me quedo, firme en la decisión de no ser un títere, sino un observador consciente, que busca entender más que juzgar, y amar más que discutir.

Con esperanza renovada,

Victor